lunes, 29 de julio de 2013

Kamchatka

-La llegada (Capítulo 2)-


Se notaba que estaba llegando a Kamchatka, al ir notando ese aire helado, era horrible estar allí. ¿Qué pinto yo en este tipo de lugar?. Todos son más bien pálidos , con ojos y pelo claro, y yo soy bastante morena, con pelo castaño y ojos marrones moteados.
  
Me fijé bien y ahí estaba, en frente de mis narices la casa de Zenya, con esa aura fría como siempre. Di dos toques en la puerta y nadie respondía así que cogí la llave que si no recuerdo mal ella guarda debajo de una maceta, levanté el pequeño tarro, y allí estaba la llave. Abro la puerta y lo primero que me encuentro es a Bicho, el zorro, y mascota de mi prima, ese animal no es mas que un torbellino, por lo tanto decidí pasar de él e ir a dejar mis maletas en una de las pequeñas habitaciones. Quería salir ya de esa casa e ir a dar una vuelta para recordar los viejos tiempos en aquel lugar.

Me gustaba recordar los momentos bonitos pasados aquí, pero… lo primero que veo al salir de la casa es un helicóptero moviéndose bruscamente arriba y abajo y cuando veo quien conduce ese trasto me doy cuenta de que es alguien de mi edad, o eso es lo que aparenta, es un chico con el pelo gris y unos ojos rojizos increíblemente llamativos, llevaba a dos personas más con él, otro chico,  pelo rubio y un verde en los ojos que me encantaba, y una chica, la cual se parecía mucho al de los ojos rojos, para mí que son hermanos. Ese llamativo helicóptero con la bandera de Prussia iba hacia el palacio.

Volví a casa y en cuanto abrí la puerta Bicho salió corriendo, y yo detrás de él. Cuando me di cuenta, por error, habíamos entrado en el palacio, y había perdido de vista a ese maldito zorro, bueno, casi lo había perdido hasta que escuché a alguien gritar: “¡¡Mierda, quién ha hecho mierda, en la mierda de alfombra!!”. Era voz de chico. Salí corriendo hacia donde escuché esa voz, y allí estaba el chico que conducía el helicóptero.

-¿Podrías decirme si has visto a un zorro pequeñito, así como… con tonos marrones claros?-pregunté.
-No solo lo he visto a él, sino que también he tenido que presenciar sus bonitos excrementos en mi alfombra.-respondió con un tono que me resultaba molesto- Se fue por ese pasillo.

Me fui por dicho pasillo y en cuanto lo cogí le eché la bronca y me lo llevé a casa, ya le contaría a su queridísima dueña en cuanto llegara lo que había hecho su estúpido zorro…